Lunes 9 de abril/Monday 9th April

Grandes hombres escoceses

Durante esta semana en Escocia, hemos visitado cuatro destinos turísticos que ahora me doy cuenta de que tienen algo en común: todos presentan un relato centrado en la figura del “gran hombre”. Voy a ir por orden cronológico.

Primero: John Knox (1514-1572), el reformador religioso. En Edimburgo visitamos su casa, del siglo XVI, creo recordar que leí que era la más antigua de la ciudad y que no la habían demolido precisamente por ser el lugar donde vivió sus últimos años. Es una casita estrecha y empinada, de piedra negruzca por fuera y por dentro oscura, con habitacioncitas de grandes vigas y suelo de madera.

Segundo: Robert Burns (1759-1796), el poeta. Era hijo de una familia campesina, escribía tanto en inglés como en lengua escocesa y expresó los ideales nacionalistas y progresistas que estaban entonces en auge. Por mi guía he sabido que uno de sus poemas, Auld Lang Syne, es como un santo y seña del pueblo escocés; se canta, por lo visto, en todas las despedidas, en el fin de año, y en unas cenas que se hacen anualmente en enero, conmemorando el nacimiento de Burns. Su casa natal, en Ayr –una aldea de la costa-, tiene mucho carácter: es un cottage con el techo de paja, consistente en cuatro habitaciones, dos para las vacas y dos para las personas, en las cuales se amontonaban por lo menos siete (los padres, cuatro hijos –aunque en otro lado he leído que eran más- y por lo menos una criada, lo sé porque Robert la dejó embarazada, según he leído). Con ojos de hoy nos parecen muy pobres, pero no lo debían ser tanto, puesto que sabían leer y el padre estaba suscrito a alguna revista literaria (que en esa época no era lo que es hoy: un suplemento, un lujo…, sino la forma de acceso a la actualidad y al pensamiento, una mezcla de lo que sería hoy la prensa, la radio, la TV, las redes sociales y una biblioteca).

Tercero: Robert Owen (1771-1858), el socialista utópico. Visitamos New Lanark, que fue su gran obra. El pueblo, consistente en una gran fábrica textil, junto al río (para aprovechar la energía hidráulica), y viviendas para los obreros, lo había fundado su suegro, que era industrial, pero Owen lo tomó a su cargo y lo convirtió en una comunidad modélica, con educación gratuita, y en la que las niñas y niños solo podían trabajar a partir de los 10 años, y no más de diez horas y media al día, seis días por semana, lo que por lo visto entonces era un gran avance (¡). Es un conjunto de edificios de piedra gris, sólidos, hoscos, con una extraña belleza sobria, altiva; hoy ya no vive nadie allí, sino que algunos edificios se visitan (también la casa de Owen), y otro se ha convertido en hotel spa. Recuerdo haber visitado un pueblo muy parecido y de la misma época, Saltaire, cuando vivía en Bradford, y en internet veo que por “British model villages” salen muchos así. Es curioso porque no hay, que yo sepa, nada parecido en España.

Por último: Charles Rennie Mackintosh (1868-1928), el arquitecto. En Glasgow visitamos la reconstrucción de la que fue su casa, ahora dentro del museo Hunterian, y la exposición en el museo Kelvingrove que conmemora los 150 años de su nacimiento; después, de camino a Glencoe, nos paramos en Helenburgh, un pueblo junto al lago Lomond, para visitar The Hill House, una casa que él construyó y decoró. A mí me ha encantado todo lo que hemos visto de él: en radical contraste con el típico interior victoriano oscuro, atiborrado de cosas, asfixiante, este hombre, en los primeros años del siglo XX, concebía unos espacios blancos, casi vacíos, elegantísimos, y diseñaba unos muebles también blancos, con un estampado con motivos florales estilizados, y unas lámparas geométricas preciosas. Todo esto lo hacía con su mujer, Margaret Macdonald, pero de ella se habla mucho menos.

Bien, las cuatro historias son interesantísimas, y las visitas valen mucho la pena (para mí sobre todo New Lanark y las casas de Mackintosh). Pero me surge una duda: ¿es inevitable que entendamos la historia –al menos a nivel popular, masivo- como una sucesión de grandes hombres? ¿Que sea ese el paradigma, el referente principal? Entiendo que es una fórmula atractiva, muy fácil, que entiende cualquiera, pero… me parece falsa. Porque pone el acento en lo que el individuo aporta, y deja en la oscuridad a todos los demás, porque convierte lo que fue un movimiento colectivo en la hazaña de uno solo.

Estos días, con motivo del aniversario del asesinato de Martin Luther King, he leído artículos que decían algo así en la prensa de aquí; hablaban de un Luther King “sanitized”, aseptizado y asimilado, metido en el molde del “gran hombre”, que finalmente es inofensivo porque corrobora el modelo patriarcal y capitalista, meritocrático, y presenta la emancipación o la creación artística no como algo que se consigue colectivamente, sino como la inspiración genial y el generoso regalo del gran artista o del reformador, un individuo que ha recibido una especie de visita del Espíritu Santo que no se sabe a qué se debe: algo caprichoso, misterioso, y de lo que sobre todo no hay que preguntar por qué recae casi siempre sobre varones blancos… Tengo que encontrar alguna bibliografía sobre todo esto.

 

Great Scottish Men

Throughout this week in Scotland, we have visited four tourist destinations which I now realize have something in common: they all present a narrative focused on the figure of the “great man.” I will take them in chronological order. First, John Knox (1514-1572), the religious reformer. In Edinburgh we visited his house, from the sixteenth century, I seem to remember that it was the oldest in the city, and that it had not been demolished precisely because it was the place where he’d lived during his last years. It’s a narrow and steep, stone-built little house, which has a blackish colour outside and is dark on the inside, with little rooms that have big ceiling beams and wooden floors.

Second, Robert Burns (1759-1796), the poet. He was the son of a family of peasants, he wrote in both English and Scots and he expressed the nationalist and progressive ideals that were then in their apogee. In my guidebook, I have learnt that one of his poems, Auld Lang Syne, is like a countersign of the Scottish people; it’s sung at all leaving-dos, New Year’s Eve, and in the suppers that are celebrated every year in January celebrating Burn’s birth. The house where he was born, in Ayre, a small village on the coast, has a lot of character: it’s a cottage* that has a thatched roof with four rooms, two for the cows and two for the people, where at least seven of them were crowded in (the parents, four children – although somewhere else I read there were more – and at least one maid, I know this because apparently Robert left her pregnant, from what I read). From today’s perspective we would regard them as very poor, but they couldn’t have been so poor, since they knew how to read, and the dad had a subscription for a literary magazine (which, at that time, isn’t what it is today: an extra, a luxury… but the way of having access to current affairs and thought, a mix of what today would be the press, radio, TV, social media and a library).

Third: Robert Owen (1771-1858), the utopian socialist. We visited New Lanark (which was his great achievement). The village, made up of a textile factory, next to the river (in order to take advantage of the river stream), and housing for the workers, had been founded by his father-in-law, who was a businessman. But Owen took charge and turned it into an ideal community, with free education, and where boys and girls could only work from the age of ten, and no more than ten and a half hours a day, six days a week, something that apparently then was a great advancement (!). It’s a bunch of grey-brick buildings, solid, dreary, with a strange sober, solemn beauty; there’s nobody living there, just some buildings which are open to visitors (as well as Owen’s house) and everything has been turned into a spa*. I remember having visited a very similar village built in the same time period, Saltaire, when I was living in Bradford, and if I look for “British model villages”* on the internet I get many similar results. It’s funny, because in Spain there isn’t, as far as I know, anything like that.

Last one: Charles Renni Mackintosh (1868-1928)​, the architect. In Glasgow we visited the reconstruction of what was his house (now inside the Hunterian museum) and an exhibition at the Kelvingrove Museum, which commemorates the hundred and fifty years since his birth; afterwards, on our way to Glencoe, we stopped at Helenburgh, a village next to Loch Lomond, to visit the Hill House, a house which he built and decorated. I loved everything we saw about him: in stark contrast to the typical dark, Victorian interior, crammed with things, asphyxiating, this man, at the beginnings of the twentieth century, conceived of blank spaces, almost empty, very elegant, and designed furniture, also blank, with elongated floral motif patterns, and gorgeous geometrical lights. He did all of this with his wife, Margaret MacDonald, but she is much less well-known.

Well, the four stories are very interesting, and the visit is definitely worth it (especially New Lanark and the Mackintosh houses in my view). But there’s something I’m not sure about: is it inevitable that we understand history – at least on a general level, from the people’s perspective – as a succession of great men? That this always has to be the paradigm, the main point of reference? I understand it is an appealing formula, a very easy one, which anybody can understand, but… it seems to me to be false. Because it stresses the individual’s contribution and leaves everything else in the dark, because it transforms what was a collective movement into the achievement of only one person.

These past days, as a result of the anniversary of Martin Luther King’s assassination, I have read articles saying something along these lines in the press here: they talked about a “sanitized”* Luther King, a septicised and assimilated, shaped into the mould of the “great man”, who eventually becomes harmless because it corroborates the patriarchal, capitalist and meritocratic model, and presents emancipation and artistic creation, not as something which can be collectively achieved, but as the outcome of the inspiration of a genius and the generous gift of the great artist or of the reformer, an individual who has received a kind of visit from the Holy Spirit without understanding why: something capricious, mysterious, and above all something about which nobody needs to question why these roles always fall into the hands of white men… I need to find some books on this.

* In English in the original.