Jueves 5 de abril / Thursday 5th April

Película iraní

Qué vida cultural tan activa, para una ciudad tan pequeña… Es gracias a la Universidad, que todos los días organiza conferencias, películas… Ayer vi una iraní: As Simple as That (Reza Mirkarimi, 2008), en un ciclo de “Middle Eastern Film Screenings”. Éramos una docena de personas en un aula, con una profesora iraní, Maryam Ghorbankarimi. Todo un lujo no solo que te pongan una película tan cara de ver (no recuerdo que la hayan puesto en Madrid), sino que tengas a alguien para explicarte todo lo que no entiendes, por ejemplo: ¿a dónde llama una y otra vez la protagonista? La película muestra un día en la vida de un ama de casa, que tiene una hija y un hijo de 8 o 10 años, y un marido que solo aparece al final, por la noche. Progresivamente entendemos que ella está dudando de si marcharse, dejarlos. Y llama a no sabemos dónde para “consultar el libro”: resulta (si he entendido bien) que tienen la costumbre, ante las decisiones difíciles, de abrir el Corán al azar e interpretan lo que está escrito en esa página como una profecía de lo que ocurrirá si toman la decisión que les suscita dudas. Creo recordar que los puritanos de Nueva Inglaterra en el siglo XVII hacían lo mismo con la Biblia; qué conmovedora es la ingenuidad de esas supersticiones… Y que se venden Coranes en que cada página tiene escrito arriba: “BUENO” o “MALO”. Y que hay una especie de servicio religioso al que llamas y haces la consulta, alguien abre el Corán por ti…

Lo que me sorprendió fue cómo me identifiqué con la protagonista. Cualquiera diría que no tengo nada que ver con una señora musulmana y con chador (excelente la actriz, por cierto) que vive en Teherán y solo habla con sus vecinas, por ejemplo una que parece recién llegada del campo y apenas se atreve a coger el ascensor. Y sin embargo… Cómo reconocía la intensidad de la vida de ama de casa y madre que yo también he llevado, aunque fuera a tiempo parcial… Esa mezcla de emoción, de felicidad en las relaciones personales: el amor a la hija y al hijo, la complicidad y sororidad con las vecinas; y al mismo tiempo, la exasperación, la sensación de encierro, de que la sociedad no se entera de lo que haces, ni lo agradece, ni le importa, ni lo ve; el maltrato a los hijos, que entiendes que es injusto –le echa una bronca a la niña porque le ha pedido que fría unas berenjenas y se le han quemado-, y que te avergüenza, pero que no consigues evitar (¿con quién vas a pagar tu furia, si no, tu rabia ante el encierro, ante la injusticia, ante esa trampa en la que no entiendes cómo has caído?). La dependencia del marido, la impotencia: llama una y otra vez a la oficina del marido y la secretaria se la saca de encima groseramente; va a sacar dinero del cajero y el cajero se le traga la tarjeta y no sabe qué hacer (luego se enterará de que el marido ha cambiado el número de cuenta, sin avisarla)… Y el marido, ay, cómo me recordaba al mío: llega tardísimo -ella le ha comprado un regalo, porque es su aniversario de bodas, y se ha maquillado y perfumado para esperarle, pero casi se ha quedado ya dormida-, la besa distraídamente, hace un comentario sobre el olor –ella, halagada, cree que ha notado su perfume, pero no, es que huele a quemado por las dichosas berenjenas-, y se pone a hablar, excitadísimo, de su trabajo, de su promoción profesional, sin tener la menor idea de cómo están sus hijos y su mujer, más allá de algún cumplido mecánico… Y ella, ¿cómo le va a contar su día, sin que parezca insignificante?… Siempre vuelvo a lo mismo: nos faltan las palabras para decirlo (Les mots pour le dire, como en el título de esa preciosa novela, o autoficción o lo que fuera, de Marie Cardinal), nos falta una tradición de poesía, de novela, de autobiografía, por no hablar de una filosofía, una economía… que dé envergadura, espesor, a esas vivencias, que refleje su complejidad y su importancia.

 

 

Iranian film

What a vibrant cultural life for such a small town… thanks to the university organising conferences, films, etc., every day. Yesterday I saw an Iranian film: As Simple as That* (Reza Mirkarimi, 2008) as part of the “Middle Eastern Film Screenings”* film series. We were a dozen of people in a classroom with an Iranian lecturer, Maryam Ghorbankarimi. A real treat. Not only the screening of such a difficult film to find (I don’t remember it being shown in Madrid) but also that you have somebody to clarify anything you don’t understand, such as asking, for example, “who does  the protagonist call”, again and again? The film shows a day in the life of a housewife who has a daughter and a son aged 8 or 10 and a husband whom we only see at the very end and at night. Little by little we understand that she is deciding whether or not to abandon them. And she makes a call we don’t know where to “consult the book”. It seems (if I understood correctly) that they have the tradition, when facing difficult decisions, of opening the Coran randomly and interpreting what is written on that page as a prophecy of what will happen if they make that decision they are unsure about. I seem to remember that, in the 18th century, the puritans of New England did the same with the Bible; how touching the naivety of such superstitions is… They even sell versions of the Quran where each page has written on it “GOOD” or “BAD”. And there is even a kind of religious service where you can call and consult somebody, and someone opens the Quran on your behalf…

What surprised me was the fact that I felt identified with the protagonist. Everyone would think that I have nothing in common with a Muslim woman wearing a headscarf (the actress was excellent by the way) who lives in Teheran and only interacts with her neighbours. For example, one of them who looks like she has just arrived from a rural area and is hesitant about using the lift. And yet… How much I recognised the intensity of the life of a housewife and mother which I also had myself, even if it was on a part-time basis… That mix of excitement and happiness in personal relations: the love one has for a daughter and a son, the complicity and sense or sorority with one’s (female) neighbours; and at the same time, the exasperation, the feeling of entrapment, of a society not being aware of what you do (and not being grateful for it either); the mistreatment of your children, which you understand is unfair- she scolds the girl for burning some aubergines she had asked her to prepare, and that you feel ashamed, but can’t help it (who else can you project your anger against otherwise? Your rage at being trapped, at the injustice, at that trap that you yourself don’t understand how you have fallen upon?).

To depend on your husband, the impotence: she keeps calling again and again the husband’s office and the secretary rudely gets rid of her; she goes to the cash machine to get some cash out and the card gets swollen by it and she doesn’t know what to do (afterwards she learns that the husband had changed the account number without telling her)… And the husband. Oh, how he reminded me of my own: he arrives really late, she has bought him a present for their wedding anniversary and has put perfume and make up on to wait for him but is almost asleep, he kisses her without paying much attention, makes a comment about her smell, she feels flattered thinking he has noticed the perfume but no, he can smell the damned burnt aubergines, and starts talking, very excited, about work, about his promotion, without having a clue about how his children or his wife are except as some kind of mechanical duty… And her… How is she going to tell him about her day without it looking insignificant?… I always go back to the same thing: we are missing the words to express it (Les mots pour le dire, like the title of that beautiful novel, or self-fiction or whatever it was, by Marie Cardinal), we are missing a tradition on poetry, on novels, on autobiography, not to mention a philosophy, an economy… to provide those life experiences with significance and weight, showing its complexity and its importance.