Miércoles, 4 de abril/ Wednesday 4th April

Escribir la maternidad

Anoche terminé A Life’s Work, de Rachel Cusk (no hay traducción española), y justo antes me había leído El nudo materno (The maternal knot) de Jane Lazarre. Colecciono los libros sobre la maternidad (y aledaños: embarazo, aborto, crianza…) escritos por madres, en primera persona. Y encuentro poquísimos. Curiosamente los mejores que he leído, creo, son de autoras de lengua inglesa, como Of woman born (Nacemos de mujer) de Adrienne Rich o esa magnífica antología que recomiendo siempre, Mother reader (Maternidad y creación), coordinada por Moyra Davey.

Jane Lazarre es una intelectual judía neoyorquina, de familia rusa (creo recordar) y de izquierdas, casada con un afroamericano, estudiantes los dos en no sé qué prestigiosa Universidad de la costa Este. Su libro es de 1976, aunque lo que relata es de un poco antes (de cuando es madre por primera vez, a finales de los 60), y es muy de esa época: la de la explosión feminista, los “grupos de concienciación” (consciousness-raising), la nueva generación de mujeres “liberadas”, que estudian y que se acuestan con quien quieren, pero que a la hora de la verdad se dedican a apoyar la carrera de sus maridos (hay hasta una “Asociación de Esposas de Estudiantes”, dios mío), y en el trasfondo, la guerra de Vietnam, los hippies, la lucha por los derechos civiles, las comunas… Me ha recordado mucho algunas novelas y relatos de Doris Lessing, y también esa gran novela generacional de Marilyn French, The women’s room (creo que se tradujo como Mujeres).

El de Lazarre es un libro lleno de energía, alegre, deslavazado, impulsivo, de una gran franqueza, cálido. Cuenta su embarazo, su parto, la crianza de su hijo, los dilemas de ser a la vez madre y profesional (o estudiante, en su caso), sobre todo cuando, como era entonces lo habitual al parecer, no hay guarderías, y ser madre de un niño de menos de cinco años era obligatoriamente un empleo a tiempo completo, o poco menos, salvo que tuvieras muchísimo dinero para contratar niñeras a domicilio. Me he identificado mucho con su dilema: tiene tres cosas entre manos, la maternidad, la vida profesional y el proyecto de escribir, y tiene que elegir, porque la vida solo le da para dos; es exactamente lo que me pasaba a mí, como se ve en mi diario de mediados de los 90 (Una vida subterránea). Y también me ha gustado mucho otra cosa, y es el desconcierto que le produce el contraste entre la “magnitud”, dice ella, la enormidad, diría yo, del acto de creación de un ser humano -esa cosa increíble que es que un ser humano se forme en tu cuerpo y salga de tu cuerpo y la relación extraordinaria que estableces con él o ella-, y el modo como eso se trata socialmente: como un “proceso mecánico, instintivo, biológico”, y la infantilización de las madres, y su dependencia económica…

El de Rachel Cusk se parece y es muy distinto a la vez. Es distinto porque no se percibe en él ese sentimiento tan presente en el de Lazarre de comunidad, de que hay otras personas con las que compartir (y no me refiero a algo material, sino a las emociones, la solidaridad, la amistad, la conversación, el intercambio intelectual) lo que se está viviendo. Lazarre habla de su familia, de su marido, de la familia de su marido, de sus amigas, del grupo feminista, de las otras madres con las que crea una guardería… Cusk es mucho más solitaria, no habla más que de ella y su hija, con muy discretas menciones de su marido o su suegra, y en cuanto al tono, es mucho más reservada y fría que Lazarre. Tiene un estilo que me parece británico, lo encuentro por ejemplo en las (más que en los) columnistas de The Guardian: un punto de vista personal, subjetivo, con frecuente uso de la primera persona, pero a la vez distante, más inteligente que emotivo, y con ironía, incluso sarcasmo, aunque leve, fino; el libro a ratos es muy divertido, como cuando dice que acostarte por la noche cuando tienes un bebé de meses es como irte a la cama e intentar dormir sabiendo que la puerta de entrada de la casa está abierta de par en par, tienes algo en el fuego, y hay un despertador que va a sonar todas las horas y a cada vez vas a tener que encontrar una manera distinta de apagarlo. Pero en el fondo su libro dice lo mismo –en otro país y treinta y cinco años después- que el de Lazarre: la maternidad está marginada de la sociedad y excluida de la cultura.

La presunta incompatibilidad entre la procreación (vista como algo “natural”, instintivo, inmediato, y única forma de creación aceptable y legítima para las mujeres) y la creación de obras del espíritu (algo que se considera que pertenece solo a los hombres, de ahí la vieja idea de que una mujer intelectual o artista no es una mujer de verdad), no es solo una más de las dicotomías en las que se funda el patriarcado, sino que yo diría que es la dicotomía fundamental, por supuesto tan falsa, arbitraria y tramposa como todas las demás. Por suerte hay mujeres –aunque todavía sean pocas- que la desafían, escribiendo y reflexionando sobre su maternidad.

Writing Motherhood

Last night, I finished reading A Life’s Work*, by Rachel Cusk (is has not been translated into Spanish). Just before that, I had read The Maternal Knot by Jane Lazarre. I am a collector of books about motherhood (and related topics: pregnancy, abortion, child rearing…), written by mothers, in the first person. And I find very few. Funnily enough, the best ones I’ve read are, I think, by English-writers, such Of Woman Born by Adrienne Rich or that magnificent anthology which I always recommend, Mother Reader, edited by Moyra Davey.

Jane Lazarre is a Jewish intellectual from New York, of Russian origins (I seem to remember), left wing, married to an African-American, both students of some prestigious East Coast university. Her book was written in 1976 but she writes about events which took place a bit earlier (around the 60s, when she became a mother for the first time), and it is typical of that time: the feminist explosion, the consciousness-raising*groups, the new generation of “liberated” women, those who study and have sex with whomever they want, but whose role, at the end of the day, is that of supporting their husband’s career (there is even an “Association of students’ wives,” my god), and in the background, the Vietnam War, the hippies, the fight for Civil Rights, the communes… It reminded me a lot of Doris Lessing’s novels and short stories and also of that great generational novel by Marilyn French The women’s room (I think it was translated as Mujeres[1] in Spanish).

Lazarres’s book is one full of energy, happy, raw, impulsive, of great honesty, warm. It tells us about her pregnancy, her experience of giving birth, the upbringing of her child, the dilemmas of being at the same time a mother and a professional (or in her case, as student), especially when, as it was apparently common then, nurseries didn’t exist and being a mother of a toddler was necessarily a full-time job, or just about, unless you had heaps of money to employ a nanny.

I felt very much identified with her dilemma: she has three things on her plate, motherhood, a professional life and the project of writing, and she has to choose because she can’t do both in one lifetime; that is exactly how I felt, as can be seen in my diary from the 90s (Una vida subterránea).[2] And there was something else I really liked: the confusion she feels provoked by the “magnitude”, she calls it, the massiveness I would say, of the act of creating of a human being – that incredible thing that is a human being being formed and coming out of your body, and the extraordinary relationship you establish with him or her- and the way in which that is managed by society: as a “mechanical, instinctive, biological process”, and the infantilisation of mothers, and their financial dependency…

Rachel Cusk’s is similar and very different at the same time. It’s different because it doesn’t show that feeling, so present in Lazarre’s, of community, of the fact that there are other people with whom to share what she is experiencing (and I am not referring to material things, but to emotions, solidarity, friendship, conversation, intellectual exchange) . Lazarre talks about her family, her husband, her husband’s family, her friends, the feminist group, other mothers with whom she funds a nursery…

Cusk is much more solitary. She only talks about her and her daughter, and barely mentions her husband or mother-in-law. And in terms of the tone, she is much more reserved and cold than Lazarre. She has what feels to me like a very British style, a style which I find, for instance, in (female more than male) columnists of The Guardian: a personal and subjective point of view, with a frequent use of the first person but at the same time distant, more intelligent than emotional, and with irony, even sarcasm, although a subtle one; the book is at times very funny, like when she says that going to bed at night when you have a new born is like going to bed and trying to sleep knowing that the house’s main door is wide open, you left something in the oven, and there is an alarm clock which is going to go off at all times and each time you have to find a different way to switch it off. But in the end, her book says the same – in a different country and thirty-five years later – as Lazarre’s: motherhood is marginalised in society and excluded from culture.

The assumed incompatibility between procreation (seen as something “natural”, instinctive, immediate, and only acceptable and legitimate way of creation for women) and the creation of works of the soul (something considered to belong only to men, the origin of the old belief that an intellectual woman or a female artist is not a true woman), is not only another dichotomy where patriarchy is founded, but I would say that is the fundamental dichotomy, of course as false, arbitrary one and tricking as all the others. Luckily there are women, although still very few, who challenge it by writing and reflecting on their own maternity.

* In English in the original.

[1] T/N: Spanish word for “women”.

[2] T/N: There is no published English translation of this work.

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