Martes 3 de abril/Tuesday 3rd April

Conferencia inaugural: “Cómo me hice escritora”

Hoy he dado la conferencia con la que me presentaba, por así decir, en la Universidad: How I became a writer, thanks to my mother, Franco and Simone de Beauvoir (Cómo me hice escritora, gracias a mi madre, Franco y Simone de Beauvoir), un resumen en tres cuartos de hora y acompañado de imágenes de mi autobiografía Adolescencia en Barcelona hacia 1970. Ha sido en un local que tienen para conferencias, obras de teatro, etc, que se llama Byre Theatre y está (como todo) a dos minutos de mi casa, y en presencia de un buen número de estudiantes y profesorado. Entre ellos, una vieja amiga mía portuguesa, Nélia Dias, a la que hacía más de 30 años que no veía (nos conocimos en París, era amiga de Ana María, mi gran amiga portuguesa que vivía entonces allí) y que casualmente está pasando una temporada aquí como profesora de antropología.

Cómo me hice escritora… es una historia medio personal, medio colectiva; hablo de mí misma y de mi familia, contando cosas que no son generalizables (que mi madre era –y es- una lectora compulsiva, que mi padre hacía vuelo a vela, que en casa teníamos un par de estatuillas que representaban almas en el Purgatorio…), pero también otras compartidas. Mis abuelos paternos eran típicos representantes de la burguesía catalana: mi abuelo era empresario textil, él y mi abuela miembros (o simpatizantes, no estoy segura) de la Lliga, pero cuando al comienzo de la guerra, en 1936, vieron a los anarquistas dando “paseos” (fusilando por las buenas) a los ricos, cuando los obreros del taller textil de mi abuelo se lo expropiaron… mis abuelos se pasaron con armas y bagajes a Franco. Como el grueso de la burguesía catalana y que hasta entonces era catalanista. A mí me parece comprensible, dadas las circunstancias, y me irrita mucho el relato que hacen ahora sus nietos nacionalistas, cuando presentan al “pueblo catalán” en bloque como oprimido por el franquismo y nos quieren hacer creer que la burguesía catalana fue antifranquista. En fin. Mis abuelos maternos también son bastante representativos, en su caso de “los otros catalanes” como los definió Candel: emigraron de Ávila a Barcelona y mi abuelo se hizo anarquista. Al llegar a esta parte del relato doy un golpe de efecto contando eso que decía mi tío, respondiendo a la pregunta: “¿Cómo puede ser que tu padre, un hombre tan conservador tradicionalista, autoritario, se hiciera anarquista?”: “Se hizo anarquista para follar gratis”. Claudia Marqués-Martin, del departamento de español de aquí que, junto con Catherine O’Leary, me hace de cicerone, me ayudó con la traducción; parece que la palabra coloquial inglesa que ahora se usa para “follar” es “shag”, yo no lo sabía. Por cierto, tuve la duda de si el público más joven entendía por qué había que hacerse anarquista para follar gratis, de modo que expliqué que en esa época para tener sexo un hombre debía casarse o pagar prostitutas, salvo si frecuentaba a esas mujeres emancipadas que eran las anarquistas… Ay, mi abuelo, qué personaje… Toda esa introducción es para explicar cómo habíamos llegado al franquismo, y lo que para mí simbolizan esas estatuillas de almas del Purgatorio: mis abuelos y mis padres habían escapado al infierno que fue la guerra civil, pero no habían alcanzado el paraíso de sus respectivos ideales políticos.

Luego explico cómo nos aburríamos mi hermano, mi madre y yo sentados todo el santo domingo en una manta en el campo de aviación mientras mi padre lo pasaba en grande volando, y qué perspectiva me daba a mí esa situación sobre lo que ahora se llama los roles de género. Yo veía que lo que me esperaba como mujer en la sociedad española bajo Franco era un aburrimiento infinito, y veía la solución que había encontrado mi madre: leer; era la única puerta que podía abrir hacia un mundo más interesante, aunque fuera solo en la fantasía. Pero yo no quería solo absorber pasivamente la literatura, yo quería hacer algo más activo, y que me diera libertad, vida profesional, prestigio, autoridad pública… Escribir, claro. Para eso necesitaba modelos (en inglés es más exacto: role-models), que me mostraran en qué consiste ser escritor. El más famoso entonces era Cela, al que mi padre siempre me ponía como ejemplo. ¿Ejemplo, para una chica, un escritor que estaba siempre diciendo “coño” para escandalizar, y hablando de putas y burdeles (lo que obviamente rebaja a todas las mujeres: ridiculiza nuestra pretensión de ser iguales, interlocutoras, colegas de los hombres, nos “pone en nuestro sitio”)?…Yo necesitaba ejemplos de escritora, no de escritor. Y ahí estaban Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute… salvo que todas ellas, tras empezar pisando fuerte en su debú, habían desaparecido del mapa (solo mucho más tarde me di cuenta de que esa es una trayectoria biográfica muy común en las mujeres), se habían vuelto católicas, alcohólicas, madres de familia numerosa…

Por suerte, gracias a las lecturas de mi madre, que yo compartía, supe de la existencia de las escritoras francesas: Colette, Duras, Sarraute… y sobre todo, Beauvoir, de la que mi madre era una lectora fanática; conocía al dedillo sus memorias, en particular… Escritoras con público, con trayectoria larga y continuada, con prestigio (aunque no las admitieran en la Academia). Y que además se divertían, viajaban, tenían amantes, recorrían Francia en bicicleta, participaban en polémicas… Ahora sí que sabía yo a quién imitar, a quién tomar como ejemplo, como ideal.

Eso fue lo que conté. Nunca sé muy bien, en casos así, qué terreno piso, qué sabe y qué no sabe el público al que me dirijo (qué sabe de la guerra, por ejemplo), pero creo que me siguieron bien, que les interesó y que se divirtieron. El coloquio fue animado, aunque hace tiempo que comprobé que durante las conferencias y coloquios estoy tan tensa, aunque lo disimule, tan pendiente de hacerlo bien, y más cuando hablo en inglés, que luego no recuerdo nada.

Luego fui a cenar con Catherine, Claudia y Will (el director de la escuela de Modern Languages, inglés de madre catalana) a un sitio encantador, con una arquitectura muy curiosa (tiene unos cubículos como los establos, creo que eso era antes de ser restaurante), donde se come maravillosamente y que está, también, como todo, a dos minutos de mi casa. Volví a casa con la satisfacción del deber cumplido. And so, to bed.

 

Opening Lecture: How I Became a Writer

Today, I gave my, let’s say, introductory lecture, at the university: How I became a writer, thanks to my mother, Franco and Simone de Beauvoir*, a 45 minute summary with images from my autobiography Adolescencia en Barcelona hacia 1970 (Adolescence in Barcelona around 1970).

It took place in a venue they have for conferences, plays, etc., called the Byre Theatre which is (like everything here) two minutes from my place, and was attended by a good number of students and staff. Amongst them my old Portuguese friend, Nélia Dias, whom I hadn’t seen in more than 30 years (we met in Paris, she was a friend of my close Portuguese friend, Ana María, who was then living there) and who, funnily enough, is also spending some time here as an anthropology professor.

How I became a writer… is a semi-personal, semi-collective story; I talk about myself and about my family, disclosing things which are specific to my own experience (that my mum was, and still is, a compulsive reader, that my dad enjoyed gliding, that at home we had a couple of little figurines representing souls at purgatory…), but also some others which are shared. My paternal grandparents were typical representatives of the Catalan bourgeoisie: my granddad was a textile factory owner, he and my grandma were members (or sympathisers, I’m not sure) of the Lliga[1] but when, at the beginning of the war in 1936 they saw the Anarchists giving the rich the so called “paseo” (that is, shooting them at will); when the workers of my granddad’s factory took over…my grandparents changed, lock, stock and barrel, to Franco’s side. As did the majority of the Catalan Bourgeoisie who, until then, had been pro-Catalan Autonomy[2]. It seems understandable to me, considering the circumstances, and this discourse given by their nationalist grandchildren presenting the “Catalan People” as a unified block which was oppressed by Franco, wanting to make us believe that the Catalan Bourgeoisie was anti-Franco really annoys me. Anyway. My maternal grandparents are also very representative, in this case, of “the other Catalans,” as defined by Candel[3]. They emigrated from Avila to Barcelona and my grandfather became an Anarchist. When I get to this part, I take the audience by surprise by telling them what my uncle used to say to the question: “how is it possible that your father, such an authoritarian, conservative and traditional man would become an Anarchist?”: “He became an Anarchist to be able to shag for free”. Claudia Marques-Martin, from the Spanish department and who, together with Catherine O’Leary, has been my personal guide, helped me with the translation. It seems that the slang used nowadays in English for the Spanish word is shag, I didn’t know that. By the way, I wasn’t sure of whether the younger part of the audience understood why it would be necessary to become an Anarchist in order to shag for free so I clarified that, at that time, a man, in order to have sex, had to either get married or pay for a prostitute, unless he could spend a lot of time with those emancipated Anarchist women. Ah, my grandad, what a character… All this introduction to explain how we got to Francoism and what those little figurines of souls in Purgatory meant: my grandparents and my parents had escaped the hell that was the Spanish Civil War, but had not reached the paradise of their respective political ideals.

Then I go on to explain how my brother, my mum, and I got bored all bloody Sunday sitting on a blanket at the airfield whilst my dad had a great time flying, and the perspective this situation provided me with regarding the now called gender role models. I could see that what was awaiting for me as a woman in that Spanish society under Franco was infinite boredom and I could see that the solution my mother had found, reading, was the only door I could open towards a more interesting world, even if was only in fiction. But I didn’t want to just passively absorb literature. I wanted do something more active, which would give me freedom, a professional life, prestige, public authority…to write, of course. In order to do that I needed models (in English the term is more precise: role-models), which could show me what being a writer was about. The most famous writer back then was Cela, whom my father always showed me as an example. Could a writer who was also using the C word to provoke a reaction and talked about whores and brothels (which obviously undermines women: ridicules our aspirations to be equals, to be interlocutors, to be men’s colleagues, and puts us “in our place”…), be considered a positive example for a girl?

I needed examples as a female writer, not as a male writer. And in that category there was Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute… except that all of them, after a striking debut, had disappeared from earth (only much later did I realise that that was quite a common biographical trajectory for women), they had become Catholics, alcoholics, mothers of big families…

Thank goodness, thanks to my mother’s books, which I shared with her, I learned about the existence of the French female writers: Colette, Duras, Sarraute… and, above all, Beauvoir, of whom my mum was a fanatic reader; she knew them all by heart, especially the memoires… Female writers with a readership, with a long and continuous trajectory, with prestige (even though they were not admitted to the Académie). And on top of that they had fun, travelled, had lovers, toured around France by bike, participated in controversial debates… Now I really knew who to follow, who to take as an example, as an ideal model.

This is what I talked about. I never know, in these cases, the waters that I’m wading in, what my public knows or doesn’t know about the war, for example), but I think that they followed me well, that they were interested and that they enjoyed it. The debate was lively, although I realised a long time ago that when I’m giving talks or debates I am so tense, even if I try not to show it, so self-conscious about doing it well, and especially when I speak in English, that I never remember anything afterwards.

After the talk, I went to eat with Catherine, Claudia and Will (the Head of the School of Modern Languages, who is English but has a Catalan mother) to a lovely place, with very peculiar architecture (the toilet cubicles are like stables, I think that this is what they were before it became a restaurant), where you can eat a wonderful meal and which is also, like everything, two minutes away from my house. I came back home with the satisfaction of a job well done. And so, to bed.*

* In English in the original.

[1] Translator’s note: The author refers to the Regionalist League of Catalonia, a right-wing political party of Catalonia which had a conservative, pro-Catalan Autonomy, neither for or against a Monarchy, with the motto: “Monarchy? Republic? Catalonia!”

[2] T/N: The equivalent of Devolution.

[3] T/N: reference to Paco Candel, Spanish writer who published  Els altres catalans (1964)  defending the need to create a cohesion between the locals and those who had emigrated to Catalonia.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *